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Recibimos, a través de las redes sociales, el siguiente informe de Nvo Zang Okenve Ndó, Presidente de UP y colaborador de WanafriKa.

Nvo Zang Okenve Ndó
Buenas tardes amigos. Ya estoy en Madrid. Hoy es mi cumpleaños. Ayer día 1-5-2016 iba a tomar el vuelo de Ceiba a las 9:30 y me retuvieron.hicieron bajar mis maletas y me condujeron a "Guantanamo".

Ahí me esperaba el ministro de seguridad, que dijo que yo le había insultado y lo iba a pagar ahí mismo. Yo iba a conocer quien es él. Me bajaron con una capucha puesta a un subterráneo y me torturaron mientras me interrogaban. Gritaban todos diciéndome de todo. Mucho era en relación al ataque criminal a la sede de CI (Ciudadanos por la Innovación) y sobre Gabriel Nze.

Todo en presencia de Nicolás Obama Nchama, que entre otras tonterías decía que yo tenia que haberle ido a ver para conocer como sucedieron los hechos. Un tipo que me torturaba, ¿qué información me podía proporcionar sobre el ataque?

Ahora que alguien diga ¿cómo se llama a una persona que tortura?

El ministro dijo a sus subalternos ser buena persona y por eso me dejaba marchar pagando el vuelo con Iberia por la noche... Buena persona que tortura y contempla cómo golpean.

Por ahora tengo dolores. Como puede haber daño interno, pienso someterme a una revisión completa, el tiempo que me lleve.

Si sigo vivo, volveré a Guinea.

Abrazos.


Por: Rian de la Torre
www.myladysaba.com

A lo largo de la historia de la colonización europea han habido grandes mujeres y hombres negros que contribuyeron enormemente a escribir dicha historia con sus hazañas, sin embargo hoy en día sus nombres brillan por su ausencia en los libros de texto sobre historia colonial.

Hoy quiero contar lo que no nos contaron en la escuela en las clases de historia española rescatando a Estevanico (1500-?) o Esteban, del cuál sólo conocemos su nombre de cristiano converso, del baúl de los recuerdos que era un hombre norteafricano esclavizado a los 23 años por los portugueses y vendido a un noble español llamado Dorantes de Carranza, procedente de Marruecos que sobrevivió junto a otros cuatro, incluido Álvar Nuñez Cabeza de Vaca, Alonso Castillo Maldonado y el propio Carranza, en una expedición que inició Pánfilo de Narváez en 1528 hacia lo que sería la futura Florida, en la costa del Golfo de México, acompañándose para dicha empresa de 400 hombres aproximadamente.

Tras el estrepitoso fracaso de Narváez que pretendía emular las hazañas de Hernán Cortés por el Nuevo Mundo, los cuatro supervivientes, del barco naufragado de la expedición en la costa de Florida, anteriores se convirtieron en prisioneros de los americanos originarios (llamados "indios") pero gracias a algunos conocimientos curativos que poseía Álvar Nuñez , los cuales trasmitió a sus otros tres compañeros, les permitió ganarse una buena reputación entre los americanos lo que posteriormente les permitió obtener su libertad. Los cuatro cautivos, especialmente Estevanico, dominaban además seis idiomas de Norteamérica lo cuál les permitía comunicarse con facilidad. Los cuatro hombres subsistieron unos ocho años antes de alcanzar finalmente en 1536 la Nueva España conocida ahora como Sinaloa, situada en la parte Noroeste de México. 

Estevanico posteriormente fue enviado por el Virrey de la Nueva España de entonces, Antonio de Mendoza, junto con Fray Marcos de Niza y algunos americanos a por la búsqueda de las Siete Ciudades de Cíbola. Aparentemente que Cíbola era una ciudad llena de riquezas que durante la época de la conquista del nuevo mundo se suponía que estaba situada en algún lugar de lo que hoy se conoce como norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

La leyenda de las Siete Ciudades se originó en la época en que los árabes conquistaron la Península Ibérica (donde permanecieron durante casi 800 años y enriquecieron culturalmente la península Ibérica con sus avances, su elevado conocimiento y su cultura de paz) donde según cuenta un relato siete obispos partieron de allí para quedarse en una tierra situada al oeste, atravesando el mar, donde cada uno habría fundado su propia ciudad. El descubierto de América y ciertos rumores sobre la existencia de grandes ciudades hizo que Fray Marcos intuyera que ésas podrían ser las legendarias Siete Ciudades.

Durante dicha búsqueda Estevanico acabó liderando la expedición porque conocía bien la zona explorada por haber pasado 8 años anteriormente tratando con naciones de americanos antes de llegar a Nueva España. Finalmente se cuenta que Estevanico, el explorador negro, que además era conocido entre los americanos originarios por ser un gran médico encontró las Siete Ciudades y según relata prejuiciosamente Pedro Castañeda fue capturado por los "indios" que habitaban en Cíbola porque la historia que Estevanico les contó sobre que él fue mandado por los blancos allí a los líderes americanos de Cíbola, que estuvieron reunidos unos días para deliberar que hacer con su prisionero, no fue creído por los mismos porque no pudieron creerse que él proviniese del mismo lugar que los hombres blancos siendo él mismo un hombre negro.

Sin embargo Ronald Sanders en el libro Lost Tribes and promised Lands contrarresta la versión de Castaneda alegando justamente que la “fantasía racista” del cronista estaban hechas sin fundamento sólido puesto que los americanos originarios, según una leyenda, ya sabían que la conquista de los hombres blancos a América tendría lugar hecho que se constató cuando Montezuma, al llegar Hernán Cortes a su ciudad, le entregó pacíficamente las llaves de la misma.

En “las narrativas de la expedición de coronado” que escribió Castaneda se le da un trágico final al heroico Estevanico, al cuál se le atribuye una muerte violenta en 1539 en manos de los americanos de Cíbola. No obstante esa supuesta muerte se pone en tela de juicio puesto que como de nuevo afirma Sanders existe una tradición Zuñí (una nación de americanos que vivían en “las siete ciudades de cíbola”) que perdura todavía, Estevanico no murió en manos de los americanos originarios sino que escapó para posteriormente convertirse en un poderoso jefe de ellos.

Sea como fuere y a pesar de las manipulaciones de la historia, Estevanico pasó a la historia, como el gran explorador negro puesto que exploró Arizona y México lo que lo convierte oficialmente en la primera persona negra conocida en habitar las tierras norteamericanas. Estevanico poseía además una educación y unas extraordinarias capacidades de supervivencia probablemente adquiridas de su país natal.

Estevanico es una gran figura y un héroe, desconocido por muchos, de la historia no sólo negra sino también de la historia colonial de España en América cuya narrativa ha sido contada parcialmente y que es necesaria rescatar para conocer bien la Historia Universal completa y no caer en “el peligro de una sola historia”.

Cerca de ochenta personas se han concentrado hoy frente a la Embajada de Guinea Ecuatorial en Madrid, para protestar por el fraude de las elecciones presidenciales del pasado domingo.



Los asistentes, integrantes de diversos grupos sociales y políticos de la diáspora de Guinea Ecuatorial en España y organizaciones panafricanas, leyeron varios comunicados de repulsa a la tiranía en Guinea Ecuatorial y gritaron varias consignas como: "No tenemos miedo, Obiang sí lo tiene", "Guinea unida jamás será vencida" y "Se va a acabar, la dictadura de Obiang".


La protesta contó con la presencia y la intervención la Diputada de Podemos Rita Bosahó, que se mostró indignada con la situación de vulneración de los Derechos Humanos en Guinea Ecuatorial.



En varios momentos de la protesta, que transcurrió pacíficamente, conocidos elementos de la seguridad diplomática, se asomaron a tomar fotos de los presentes en la concentración, contestando las y los manifestantes sacándoles a su vez fotos a ellos, provocando que se escondiesen de nuevo en el interior del edificio.




El gobierno del dictador Teodoro Obiang Nguema afirmó el jueves 28, haber obtenido un 93,7% de los sufragios para ser reelegido presidente por un nuevo período de siete años.

Sin embargo la oposición y los medios independientes han denunciado, con pruebas gráficas, el acoso a la oposición, como en el sitio policial a la sede de Ciudadanos por la Innovación.

Testigos afirman asimismo que durante la jornada de votaciones, existieron coacciones constantes y graves vulneraciones de la Ley, como detenciones masivas, y la imposibilidad de votar en secreto por la inadmisión de interventores opositores en la inmensa mayoría de las mesas electorales.

El sistema político existente en Guinea Ecuatorial es conocido por los politólogos como "democratura",  es decir una dictadura bajo la cobertura de una falsa democracia totalmente manipulada por el gobierno.





La escasez de agua puede tener graves consecuencias para la estabilidad de muchos países africanos e impactar en la cadena de valor de las industrias globales. Solucionar esta escasez provendrá de la mejora de la gestión de los recursos a través de la colaboración entre servicios públicos y privados. La pregunta ahora en cada país es si ya se ha dilapidado en los últimos años la oportunidad de invertir en los pilares de un desarrollo sostenible o si aún no es demasiado tarde.
La creciente competencia por los escasos recursos hídricos es un riesgo cada vez mayor para la sostenibilidad de los ecosistemas y las comunidades que dependen de tales recursos, además de una gran amenaza en la economía y los negocios. La explosión de crecimiento de la población mundial y el aumento de la producción agrícola e industrial están colocando una enorme presión sobre las reservas existentes en el planeta. En las próximas dos décadas, la demanda mundial de agua va camino de superar a la oferta hasta en un 40%. El cambio climático ha alterado los patrones pluviométricos en todo el planeta provocando mayor escasez de agua y más de la mitad de los humedales del mundo han desaparecido. Casi mil millones de personas no tienen acceso a agua limpia y segura, lo cual equivale a una de cada ocho personas en el planeta. Así, la gestión de los recursos hídricos se perfila como uno de los grandes desafíos globales del presente siglo.
Una serie de razones identificadas hace tiempo explican la pobreza extrema que existe en determinadas zonas de África. Puede ser el resultado de diversos factores, como la inestabilidad política o los conflictos, pero una de las mayores causas es el de la falta de acceso al agua potable. El crecimiento de la población africana en los últimos años, junto con los efectos de la contaminación, ha intensificado muchos de los problemas en el suministro de agua, que es vital para la agricultura y por tanto para la alimentación. Como esto se ve agravado con los efectos del cambio climático, los riesgos son aún más altos. Sin embargo, aunque el acceso al agua potable sea un importante desafío, aún es posible en los próximos años cerrar la creciente brecha entre oferta y demanda. Para ello, debemos entender la magnitud del problema y cómo abordarlo de forma asequible y sostenible.
LA SATISFACCIÓN DE NECESIDADES BÁSICAS
Hasta hace pocos años, en multitud de zonas rurales de África, las familias (especialmente las mujeres y los niños) tenían que caminar kilómetros hasta un río para poder obtener agua para beber, cocinar, lavar y alimentar a sus animales. Hoy en día encontramos bombas de agua en los pueblos, que se han puesto en funcionamiento a veces en coordinación con los poderes públicos. Además en algunos lugares la comunidad contrata el mantenimiento de las mismas a un servicio técnico privado. Las bombas no sólo ahorran mucho tiempo y esfuerzo, sino que también han conseguido que el suministro de agua diario a los hogares tenga un coste menor de lo que supone pagar a los aguadores que van desde los ríos hasta los pueblos.
Según los operarios de estas bombas, la conclusión es que las personas en general están dispuestas a pagar por un mejor servicio. Pero debido a la costumbre, algunos hogares no se interesan por este sistema y van todavía a por agua a los ríos. También hay quien no puede pagar el coste. Así que, para estos casos, algunos líderes de las comunidades hacen listas de hogares necesitados para que tengan un suministro mínimo gratuito garantizado. En estos casos, los aldeanos son relativamente afortunados. No sólo tienen acceso al agua, sino que también pueden elegir entre dos maneras de acceder y dos tipos de coste.
Pero muchos no tienen estas opciones y deben confiar en fuentes del agua que podrían ser poco saludables. La situación mejora en zonas urbanas, donde se cubre el 80% de la población, pero la cuestión es que más de la mitad de los habitantes de las ciudades y los pueblos en todo el continente siguen sin contar con suministro de agua potable en sus hogares, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y El Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF). Las Naciones Unidas estiman que en el África subsahariana se pierden 40.000 millones de horas por año en recoger y transportar agua, lo que equivale a toda la fuerza de trabajo de Francia en un año. Esto es un tiempo y un esfuerzo increíblemente valioso.
Consumir gran parte del día en obtener agua para satisfacer las necesidades básicas supone un enorme coste de oportunidad, esto es, quita tiempo de muchas otras actividades. Basta pensar en todo lo que se deja de hacer al utilizar tres horas al día para conseguir agua. Las horas perdidas en llevar agua de un sitio a otro, pueden suponer a menudo la diferencia entre que tenga éxito o no un negocio con el que poder ganarse la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado en términos económicos que por cada dólar invertido en agua y saneamientos, existe un retorno económico de entre 3 y 34 dólares. Por eso cuando se consigue una solución a este problema, son posibles una agricultura y un estilo de vida más sostenible.
La escasez de agua potable, así como una feroz competencia por los alimentos y la energía, seguirán acosando a muchos africanos. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ha estimado que 650 millones de personas viven en áreas donde las inundaciones y las sequías pueden provocar picos muy grandes en los precios de los alimentos. Los gobiernos se enfrentan a enormes desafíos para satisfacer las necesidades básicas de la población: cambios demográficos, escasez de recursos, cambio climático y riesgos de brotes de enfermedades infecciosas. En algunas zonas de África, la sequía ha llevado a conflictos bélicos entre clanes por el acceso al agua. La escasez plantea también una amenaza a la seguridad que las agencias de inteligencia toman tan en serio como la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo y los ataques cibernéticos.
EL OCASO DE LA ABUNDANCIA
Los problemas de escasez de agua y contaminación no vienen solos, se plantean junto con otros desafíos. Después de un ciclo positivo de exportaciones de materias primas que ha durado una década, los países productores en África se encuentran frente a una tormenta perfecta: ingresos por exportación más bajos, depreciación de sus monedas, disminución de los flujos financieros que llegaban desde China, caída de la demanda interna y mayor coste de la deuda después de una subida de tipos de interés. Aunque la presión para los responsables políticos no tiene precedentes, buena parte de ellos siguen cometiendo graves errores. Pero en las circunstancias de hoy no existe mayor margen para el error y los países que adopten cualquier decisión incorrecta serán severamente castigados.
El obstáculo más común de la mayoría de los países para ampliar el acceso al agua es su limitada disponibilidad de recursos, siendo una financiación inadecuada el factor más importante que afecta a la capacidad de gestión del agua dulce en el continente. Existe consenso en que es necesario movilizar recursos financieros nacionales contados en billones (millones de millones) de dólares, así como la ayuda internacional al desarrollo y financiación privada, para hacer que estos objetivos salgan del papel y se conviertan en políticas reales. Pero los planes estratégicos nacionales para fomentar la inversión y el crecimiento son ignorados en gran medida por sus propios autores. Todo este sombrío panorama económico pesará mucho sobre los esfuerzos para poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para complicar aún más la situación, en realidad no hay una crisis del agua que sea igual a otra y en cada país, e incluso dentro de un mismo país, se enfrentan problemáticas diferentes.
Para entender los problemas que actualmente enfrentan las empresas y los gobiernos en África y en gran parte del mundo, resulta útil observar lo que está sucediendo en el caso de Sudáfrica. La segunda mayor economía africana actualmente se encuentra en grandes apuros. El crecimiento anual del PIB en Sudáfrica se ha estancado en 2015. El desempleo, que se ha disparado hasta el 26% (el más alto desde 2003) es particularmente preocupante. Si tenemos en cuenta a los trabajadores “desanimados” que han renunciado a intentar encontrar un trabajo, se elevó hasta el 36% a principios de 2015. Además, muchos de los que tienen puestos de trabajo están descontentos y hacen huelgas. La falta de capacidad en el suministro de electricidad y los frecuentes cortes de luz afectan también a la producción. La sequía ha afectado a la agricultura. El turismo, una bendición en cualquier país africano, se ha visto obstaculizado por nuevos requisitos para los visados. Las agencias de calificación han advertido de que la deuda de Sudáfrica se está acercando peligrosamente a la categoría de bono basura. Como consecuencia de todo, entre los sudafricanos ha cundido el desánimo.
La desigualdad socioeconómica es muy elevada. Un informe de la consultora Boston Consulting Group coloca a Sudáfrica en el puesto 138 de 149 países en cuanto a capacidad de convertir riqueza en bienestar para su población. La debilidad de la economía está avivando el descontento social y la violencia callejera en Sudáfrica. Los extranjeros, vistos como competencia en el contexto de escasez de puestos de trabajo, han sido objeto de una serie de ataques xenófobos con consecuencias mortales. Desde 2010, las manifestaciones casi se han duplicado. Y muchas de ellas están motivadas por la deficiente prestación de servicios básicos como agua y electricidad. Hasta el momento los poderes públicos han mostrado poca capacidad de poder mejorar la situación y el partido del gobierno está empantanado en luchas internas sobre si seguir una senda económica más capitalista o más socialista. Además de todo esto, Sudáfrica sufre desde hace años por la creciente brecha entre oferta y demanda de agua.
EL COMPLICADO ESCENARIO DE AUMENTO EN LA DEMANDA DE AGUA
En Sudáfrica, el reto es muy complejo: un país semiárido caracterizado por la escasez de precipitaciones, limitados acuíferos subterráneos y una significativa dependencia de los trasvases de agua desde naciones vecinas. Debido a la variedad de ecosistemas, las soluciones deben atender a diferentes necesidades agrícolas, industriales y domésticas específicas de cada zona del país. En la gestión del agua, Sudáfrica se enfrenta a decisiones económicas y sociales muy difíciles en cuanto a agricultura, actividades industriales clave como la minería y la generación de energía, y crecimiento de los grandes centros urbanos.
La demanda de agua prevista en Sudáfrica llegará a ser de aproximadamente 18.000 millones de metros cúbicos en 2030 pero la disponibilidad actual es de unos 15.000 millones. La oferta está severamente limitada por bajos niveles de precipitaciones muy estacionales (alrededor de un 50% de la media mundial), acuíferos insuficientes, y la dependencia de trasvases de agua entre cuencas y desde otros países (por ejemplo, Sudáfrica compra casi el 25% de su suministro total de agua a su vecino Lesoto). Los efectos del cambio climático podrían agravar el problema de manera significativa: una pequeña disminución en las lluvias (y el correspondiente aumento de las necesidades de riego) puede dar lugar a un déficit de varios millones de metros cúbicos. Es necesario tener un entendimiento de los problemas de oferta y demanda a nivel sectorial. La demanda agrícola, industrial y urbana representan en Sudáfrica la mayor parte de la demanda total.
Diferentes zonas del país se enfrentan a desafíos que son únicos para el conjunto de actividades económicas predominante en cada lugar. Se espera que las cuencas fluviales que abastecen a las principales ciudades del país sufran un grave déficit provocado por el aumento de la demanda doméstica e industrial. La demanda doméstica o de los hogares ha sido impulsada en gran medida por el aumento de los niveles de ingresos y el crecimiento de la población en años anteriores, así como por la mejora de las condiciones de vida básicas (por ejemplo, el uso más amplio de duchas, inodoros y jardinería en zonas residenciales). Las proyecciones para 2030 indican que la demanda de los hogares representará 3.600 millones de metros cúbicos, pero el 20% de la población más rico consume la mitad del suministro total.
Por otra parte, la demanda de industrias como las de minería y energía será un factor cada vez más importante: en 2030, la demanda podría ascender a hasta 3.300 millones de metros cúbicos. La generación de energía representará el 12% de la demanda total, la minería el 18% y la industria manufacturera el 70% restante. Al mismo tiempo, satisfacer la demanda de generación de energía plantea otro desafío: la mayor parte de la capacidad adicional de generación prevista para 2025 provendrá de plantas eléctricas de carbón. Como los suministros locales de agua suelen ser insuficientes tanto para la minería del carbón como para la generación de energía, la dependencia de las transferencias de agua desde otras áreas es probable que aumente.
En zonas que tienen demanda agrícola creciente, en contraste con lo anterior, la gestión del agua supone una presión adicional sobre los suministros, a pesar de los límites en los niveles de riego. La agricultura representa una parte fundamental de la economía sudafricana, aportando casi el 4% del PIB del país y empleando a casi el 14% de la población activa (casi 2 millones de personas). Sudáfrica utiliza tierras de secano para el 80% de sus necesidades agrícolas y es autosuficiente en alimentos al 90%. Los rendimientos son altos, y más del 50% de la superficie de regadío (que son el 10% de las tierras de cultivo) se cultivan utilizando riego por goteo y aspersores relativamente eficientes. Pero aún se espera un aumento significativo de la demanda de alimentos y piensos. Esto creará la necesidad de una mayor eficiencia y productividad en la producción de secano y otros cambios con el fin de evitar que se utilicen en la agricultura mayores cantidades de agua que las disponibles.
La situación es muy complicada para atender todos estos aumentos de la demanda, por tanto. Además, aunque Sudáfrica ha logrado progresos sustanciales en el suministro en todo el país (el acceso aumentó del 60% al 96% entre 1994 y 2012), la falta de agua potable es todavía uno de los mayores problemas de la población en algunas áreas, y podría empeorar aún más como consecuencia del deterioro de la infraestructura de distribución. Para estas personas, la pobreza suele ser una constante en sus vidas. La buena noticia es que éste es un problema que tiene solución. A pesar de la profundidad y la amplitud del desafío, existen soluciones al alcance que no tienen que ser prohibitivamente caras si empiezan a ser desarrolladas cuanto antes.
¿PRIVATIZAR EL AGUA CÓMO SOLUCIÓN?
Examinando su evolución a más largo plazo, Sudáfrica ha logrado notables avances en general en la ampliación del acceso al agua potable. Bajo el sistema de apartheid, alrededor de un tercio de la población no tenía acceso a agua potable, mayoritariamente en las comunidades negras del país, entonces segregadas. Pero cuando el Congreso Nacional Africano llegó al poder en 1994, la nueva Constitución proclamó el acceso al agua como un derecho humano fundamental. En el año 2004, aproximadamente el 88% de la población tenía ya acceso a agua potable y se estableció la política de que todos los que tuviesen agua corriente tenían derecho a recibir gratis 25 litros por día. Más allá de ese umbral, un usuario debía pagar según incrementase su consumo.
En la década de 1980, en general el suministro de agua en África se amplió principalmente debido a la actividad del Estado, llevada a cabo por los gobiernos a través de los servicios públicos. Éstos fueron financiados a través de presupuestos públicos principalmente basados en impuestos y en el apoyo de donantes externos. Puesto que las infraestructuras no se llevaban a cabo con fines de lucro, las tasas para conectar una tubería a la red de distribución eran mínimas. Algunos de los que no tenían conexión en las ciudades o en las comunidades rurales, podían acceder a fuentes públicas con frecuencia de forma gratuita. Pero estos sistemas administrados públicamente dejaban fuera a millones de personas, de manera que existía un espacio de actuación bastante amplio que podía ser ocupado por la actividad de empresas privadas.
En la década de 1990, se ofrecieron grandes incentivos a las empresas extranjeras, como exenciones fiscales y la repatriación completa de los beneficios, en un esfuerzo para atraerlas al sector. Pero incluso así, los inversores privados del sector generalmente prefirieron ir a Asia y América Latina. Consecuentemente, las zonas de África que más lo necesitaban han sufrido décadas de falta de inversión en las instalaciones de agua. Teniendo en cuenta esto, y la mala gestión de los servicios públicos en general en muchos países africanos, no se han podido mantener los niveles de servicio existentes y mucho menos ampliarlos.
Una práctica que aplicaron de forma estricta y habitual las empresas de agua tanto privadas como públicas fue recuperar los costes de inversión trasladándolos al precio pagado por el usuario (los costes de invertir en ampliaciones y mejoras del servicio), afectando gravemente a los hogares más pobres. La Red de Servicios de Desarrollo Rural, una organización no gubernamental con sede en Johannesburgo, estimó en 2002 que unos 10 millones de personas habían tenido cortado el abastecimiento de agua en un momento u otro durante los ocho años anteriores por no pagar sus facturas. Dos años antes, un gran brote de cólera arrasó la provincia de KwaZulu-Natal, matando a unas 300 personas. Los funcionarios de salud encontraron que muchas personas en las zonas más afectadas habían recurrido al uso de agua de ríos y lagos cercanos contaminados, porque se les había cortado el suministro de agua por falta de pago de las facturas.
El gobierno sudafricano respondió con la instalación de fuentes públicas en las comunidades con bajos ingresos y con la introducción de tarifas planas más asequibles. Sin embargo, las políticas de austeridad promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2008 debido a la crisis económica obligaron a muchos países africanos a reducir el gasto en servicios públicos como el agua, y en algunos casos a privatizar algunas de las instalaciones públicas existentes. La expectativa era que el sector privado, principalmente las empresas de agua multinacionales funcionando como entidades con ánimo de lucro, podrían entrar a hacerse cargo de las empresas públicas en África al tiempo que invertirían y expandirían la red de suministro. Pero éste no ha sido el caso. Los inversores no encontraron atractivo el sector del agua en el continente porque los rendimientos no eran suficientes para justificar las grandes inversiones que eran necesarias.
Como parte del esfuerzo para promover la participación privada en el sector del agua en África y otras regiones en desarrollo, la recuperación de los costes a través del precio del servicio se ha convertido con los años en una práctica cada vez más común. Para las empresas privadas, la aplicación de tarifas más altas y tasas a los usuarios era fundamental para obtener una ganancia. Y para las empresas de servicios públicos, el aumento de los precios también fue visto como una manera de compensar pérdidas financieras o de aumentar los recursos para nuevas inversiones. Para muchas personas que nunca habían tenido acceso al agua potable o que habían obtenido agua previamente de aguadores privados que cobran precios exorbitantes, las nuevas tarifas pueden haber merecido la pena. Sin embargo, para muchas personas pobres los precios han resultado prohibitivos.
En la búsqueda de un equilibrio entre la ampliación del acceso y su coste, el correspondiente Informe del Desarrollo Humano del PNUD declara que “el desafío para todos los proveedores, públicos y privados, es ampliar el acceso y superar la desventaja de precios que enfrentan los hogares pobres”. La cuestión en la práctica es que, en términos generales, es imposible determinar en qué medida deben las organizaciones públicas, privadas o comunitarias participar en la prestación y gestión de servicios de agua. Cada circunstancia debe ser considerada de manera particular y la solución debe adaptarse a la población más necesitada, tener un coste asequible y ser sostenible en cada comunidad.
SOLUCIONES SOSTENIBLES Y DIFERENTES PARA CADA SITUACIÓN
La ironía en toda esta situación es que África tiene abundante agua dulce: grandes lagos, grandes ríos, enormes humedales y aguas subterráneas en muchas zonas. Y que pese a ello, se utiliza sólo un 5% del agua dulce disponible en el continente y es la única región del mundo donde la inseguridad del agua es cada vez mayor. Los riesgos por suministro de agua y saneamientos inadecuados en realidad han aumentado debido a que la demanda de la población está creciendo muy rápidamente y la oferta no consigue acompasarse. África se enfrenta a serias limitaciones en cuanto a un mayor acceso al agua potable, entre las que destacan el escaso personal cualificado y la ineficacia de las instituciones responsables. Esto está contribuyendo a desacelerar el crecimiento económico y su causa es también fundamentalmente económica. Según el El Fondo Fiduciario para Agua y Saneamiento del Banco Africano de Desarrollo (BAfD), el factor más importante que afecta a la capacidad de suministro de agua dulce en el continente es la falta de financiación. En la mayoría de países, la escasez de agua y la contaminación tienen como obstáculo más común los limitados recursos que se dedican a su solución o que hay disponibles.
No hay una única solución para asegurar que todo el mundo tenga acceso al agua. Cerrar la brecha entre oferta y demanda implica una combinación sostenible y rentable de tres factores, dos de los cuales hacen uso de mejoras técnicas (aumentando la oferta y la productividad) mientras que el tercero se relaciona con decisiones que cambien el conjunto de actividades económicas subyacentes. En Sudáfrica y otros lugares, se encuentran disponibles medidas rentables que constituyen un enfoque equilibrado y tienen que ver con la oferta, la eficiencia agrícola y las mejoras de productividad, y factores dinamizadores en la industria y los hogares. Un análisis de los costes y del potencial de las medidas técnicas existentes para mantener las actividades que dependen del agua de manera sostenible, muestra que Sudáfrica puede implementar una solución equilibrada para cerrar esta brecha entre oferta y demanda. Una vez más, es la hora de aplicar estrategias de sostenibilidad, a largo plazo.
Para hacer frente a las sequías y alimentar a una creciente población, son necesarios dos elementos: una revolución verde (como ya describimos en el análisis “Desarrollo rural africano sostenible”) y acumular agua de lluvia mediante algún sistema. La revolución verde que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX en Asia y América Latina se basó en variedades de cultivos de alto rendimiento como el arroz y en la mejora de los métodos de riego, de manera que se logró acompañar el aumento de la población. Pero si bien el crecimiento masivo de Asia en la producción agrícola de la década de 1960 hasta la década de 1990 se basaba en el riego, la revolución verde en África tendría que estar basada en la captación de agua de lluvia antes de que se evapore. Y las aguas subterráneas son clave para la producción de alimentos en el futuro en África, pudiéndose poner en marcha sistemas de riego en zonas secas gracias al aprovechamiento del agua del subsuelo.
Una mejor captación y un mejor aprovechamiento del agua de lluvia son entonces esenciales para la gestión de los períodos de sequía. En gran parte del continente, el agua de lluvia se evapora antes de llegar a los ríos, y de todos modos muchos agricultores están lejos de los ríos o pantanos, quedando la recogida de agua de lluvia como única solución. La cuestión es también situar los cultivos de manera que se pueda conseguir que la lluvia que cae al terreno llegue bien a las raíces desde las que las plantas toman los nutrientes, éste será otro de los factores fundamentales. Además, la captación de agua de lluvia en las azoteas de las casas es cada vez más popular en lugares con precipitaciones irregulares o periodos de sequía de otras regiones como Asia, donde durante siglos el agua de lluvia ha sido recogida y almacenada en tanques para su uso en la estación seca.
En éstos y otros aspectos, las soluciones deben incluir mejoras técnicas para aumentar la oferta, así como medidas para mejorar la productividad y la eficiencia, para equilibrar las demandas de recursos hídricos que son finitos. Será necesaria la instalación de nuevos pozos equipados con bombas, además de redes de tuberías. Las soluciones pasan también por tener en cuenta contraprestaciones entre las demandas de la agricultura, de las actividades industriales y de los crecientes centros urbanos. La gestión de las compensaciones entre diferentes sectores en base a sus costes comparativos ayudará a lograr el ahorro de agua requerido con desventajas mínimas para la economía.
¿De dónde saldrá el dinero para llevar a cabo estas transformaciones? La asistencia de donantes externos es una de las fuentes. Pero los donantes ofrecen sólo una parte de los miles de millones anuales necesarios para alcanzar los objetivos planteados, y la mayoría de las ayudas vienen con condiciones añadidas que obligan a los gobiernos africanos a contratar expertos (consultores, gestores, técnicos e ingenieros) de los países donantes para ejecutar los proyectos. Esto hace que sea difícil para estos países retener a sus profesionales nacionales. Dejar de lado la experiencia local en la implementación de este tipo de proyectos hace que el sector del agua sea poco atractivo para muchos profesionales. Para abordar este problema, la red de Água de Naciones Unidas en África ha creado un directorio de expertos en agua africanos. Como facilita que los expertos trabajen en otros países del continente, la iniciativa no sólo ayudará a fomentar la integración regional, sino también mejorará el mantenimiento a largo plazo de proyectos en el continente.
Los gobiernos deben ser capaces de aumentar también las asignaciones presupuestarias. El Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) señala que muchos gobiernos africanos tienen aun pendiente la responsabilidad de llegar a más de 300 millones de personas actualmente están privados de agua potable. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el gasto presupuestario total en los sectores de agua y saneamiento en África subsahariana está alrededor de 800 millones de dólares al año. Esta cantidad probablemente podría aumentar a 2.500 millones a través de medidas adoptadas por los proveedores de servicios para trasladar los costes al precio que pagan los usuarios en las comunidades locales.
De forma similar a las medidas de adaptación al cambio climático, la gobernanza del agua tiene sentido económico simplemente desde una perspectiva de desarrollo. Según las Naciones Unidas, se prevé que la población mundial aumente de los 7.350 millones actuales a unos 9.700 millones en 2050 y 11.200 millones en 2100, teniendo lugar la mayor parte de tal crecimiento en regiones en desarrollo y particularmente en África. Los expertos en desarrollo están centrando sus esfuerzos en apoyar a los pequeños agricultores para iniciar la necesaria revolución verde que reduzca el hambre y la pobreza en África. Los países africanos que consigan realizar la gobernanza del agua de una forma correcta, verán llegar muchas más inversiones para otros sectores, y es importante tener inversores que quieran participar en la economía desde casi cualquier punto de vista.
Es necesario asegurar que cada país sea capaz de cumplir con sus necesidades de agua tanto hoy como en el futuro. Algunas empresas públicas de gestión de aguas en África trabajan de una manera bastante eficiente en el nivel local, contrarrestando los comentarios negativos acerca de que los servicios públicos africanos son inherentemente ineficientes y sólo pueden mejorarse mediante la introducción de contratistas privados. Estos servicios públicos exitosos deben compartir su conocimiento de gestión con otras instituciones. Deben también ponerse en marcha políticas adecuadas para favorecer la participación del sector privado en la provisión de agua. Una serie de países, a instancias del Banco Mundial y del FMI, han tratado de atraer inversiones para ampliar las instalaciones. Con la ausencia de tales políticas, se hará muy difícil la resolución de estos problemas.
Para muchos gobiernos africanos, el reto no sólo es encontrar más dinero para inversiones. También consiste en adquirir los conocimientos técnicos para utilizar los recursos de manera más eficaz y que las instituciones sean capaces de gestionarlos de manera adecuada. Para ello, los países necesitarán profesionales con las habilidades para planificar, presupuestar, diseñar, supervisar y construir las instalaciones, así como los equipos de ingeniería, perforación y construcción. En algunos países africanos, especialmente los que salen de un conflicto, dichas capacidades no están disponibles fácilmente. Pero alrededor de un tercio de los países africanos tienen capacidades para poner en práctica inversiones, si se puede asegurar la financiación. En el resto, las capacidades tienen que ser construidas como componentes (que también necesitan una financiación) de cada proyecto.
Al buscar soluciones que amplíen el acceso al agua potable, las decisiones que se tomen sobre una adecuada combinación público-privada tienen que ser tomadas de forma descentralizada caso por caso, sobre la base de valores y condiciones locales de cada comunidad. Las soluciones deben atender a las necesidades económicas y sociales específicas de cada lugar en particular. Por ejemplo, en al menos siete zonas rurales de Sudáfrica consistirán casi en su totalidad en mejorar la eficiencia agrícola, mientras que en los centros urbanos tendrán que adoptarse soluciones para la industria y los hogares. En todos los ámbitos, una fuente importante de ahorro siempre vendrá del uso más productivo del agua y del aumento de la eficiencia en el suministro.
LA COORDINACIÓN POLÍTICO-EMPRESARIAL
La seguridad del acceso al agua se perfila como uno de los grandes desafíos del siglo XXI, que los responsables políticos y líderes empresariales deben enfrentar juntos. Los responsables políticos reconocen que ciertas tecnologías, que están siendo desarrolladas por empresas punteras, son herramientas críticas para la gestión eficaz de los escasos recursos hídricos. Y los líderes empresariales deben también ayudar a dar forma a políticas que hagan posible que sus tecnologías sean productivas. El sector público y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) han dominado el debate sobre las políticas del agua, pero en los últimos cinco años, un número creciente de empresas del sector privado también han comenzado a ofrecer respuestas sobre la mejor manera de gestionar el agua con eficacia. Estas empresas han comenzado prestando mucha más atención al medio ambiente. A medida que desarrollen una nueva generación de tecnologías relacionadas con el agua, también influirán cada vez más en una nueva generación de políticas públicas que estimulen el desarrollo y el uso de estas tecnologías.
Así es cómo un grupo de empresas, principalmente del sector de las bebidas, la minería y la generación de energía, están participando en torno a estas dos dimensiones. Han llegado a la conclusión de que la creciente escasez de agua constituye una amenaza a su futuro en África. Además consideran que, si bien las empresas tienen que gestionar el agua de manera eficiente de puertas para dentro, necesitan también un entorno legal y regulatorio predecible que gobierne todos los usos del agua. Estas empresas creen que el sector privado tiene aportaciones útiles y legítimas que hacer en el proceso de formulación de políticas, y que las buenas prácticas en los negocios pueden guiar su aplicación efectiva.
Un segundo grupo de empresas está desarrollando tecnologías que pueden permitir a la sociedad conseguir mayor productividad por cada gota de agua en una variedad de actividades. Hay tres segmentos. El primero comprende empresas que desarrollan semillas que mejoran la productividad y tecnologías agrícolas. Debido a que la agricultura representa más del 80% del consumo de agua en el mundo en desarrollo y a que las ganancias de productividad de dichas tecnologías han caído por debajo del 1% por año (eran alrededor del 3% al año en la revolución verde de la década de 1960), estas innovaciones son vitales para una mejor gestión del agua. Un segundo segmento de empresas está desarrollando nuevas tecnologías para procesos de desalación y para tratamiento de aguas residuales. Es teóricamente posible desalar el agua de mar mediante el uso de sólo un 25% de la energía que actualmente se requiere a través de las tecnologías existentes. Si nuevos desarrollos como la nanotecnología permiten que este potencial se haga realidad, el coste de la desalación se reducirá a un nivel que la mayoría de las ciudades y las industrias en las zonas costeras de todo el mundo podrá asumir.
El tercer grupo comprende empresas que proporcionan información (como probabilidad de precipitaciones, humedad del suelo, requisitos sobre los fertilizantes o datos sobre el ciclo del agua en un país). Esto es esencial para el consumo de energía, el uso doméstico del agua, y, lo más importante, para la agricultura. Así se pueden producir muchos más cultivos que con los métodos tradicionales, y las industrias y las ciudades pueden utilizar mucha menos agua también. Los nuevas tecnologías de Smart City y Smart Rural incluyen sistemas con sensores para la gestión de todo el ciclo del agua desde su recogida hasta su consumo final, controlando los niveles de contaminación, que optimizan el suministro y detectan las pérdidas por filtración (que son altísimas en los países en desarrollo).
Los ejecutivos de estas empresas líderes saben que el progreso en la gestión del agua depende del avance combinado en tecnologías y políticas. En algunos países, las deficiencias políticas se traducen en que muchas tecnologías existentes que hacen un uso más eficiente del agua no sean bien empleadas. Esto es lo que lleva a que un creciente número de empresas colaboren con responsables políticos, para garantizar la implementación de políticas de regulación. En conversaciones con estos responsables políticos, los líderes empresariales destacan ejemplos como el de la cuenca del Murray-Darling, en Australia, donde un entorno normativo propicio ha significado que una reducción del 70% en la disponibilidad de agua no haya tenido prácticamente ningún impacto en la producción agrícola. En situaciones como ésta, los políticos saben que lo que se necesita es una nueva generación de tecnologías que permitan a la sociedad hacer más con menos. Y saben también que la clave para lograrlo es un entorno de políticas jurídicas y empresariales que estimulen el desarrollo de la próxima generación de tecnologías de eficiencia hídrica.
CONCLUSIÓN
El acceso al agua puede romper el ciclo de la pobreza. Los niños van a la escuela en lugar de tener que emplear parte del día en recoger agua, y dejan de estar enfermos a causa de las muchas enfermedades transmitidas por el agua. El acceso al agua conduce a la seguridad alimentaria, y muchas escuelas pueden alimentar a los estudiantes con huertos ecológicos que reducen los costes y mejoran la nutrición. Los padres encuentran más tiempo para cuidar a sus familias, ampliar su producción agrícola hasta unos mínimos satisfactorios y poner en marcha negocios. Con agua potable y las manos limpias, se reduce el tiempo perdido con enfermedades y la gente puede volver antes al trabajo. Por eso, combatir los efectos sociales y económicos causados ​​por la falta de agua potable está entre las más altas prioridades de cada comunidad.
La escasez de agua es de gran importancia para las empresas y las naciones del mundo entero. Dada la dificultad histórica de proporcionar suficiente agua para satisfacer las necesidades de las sociedades en todo el mundo, es evidente que los gobiernos y el sector privado deben asociarse para desarrollar políticas eficaces y soluciones sostenibles. En todo el mundo, las empresas y los responsables gubernamentales deben ir más allá de las políticas que han sido habituales hasta ahora, no sólo para aumentar la oferta y mejorar la productividad de los recursos, sino para reformular en consecuencia las actividades económicas en general. Si se pretende que las nuevas estrategias sean eficaces, los líderes empresariales y políticos tendrán que trabajar juntos y más estrechamente para ponerlas en práctica.
Aunque el vaso sin duda pueda parecer medio vacío, también está medio lleno, sobre todo porque los líderes empresariales entienden que la escasez de agua es un problema que afectará a las industrias, proveedores y comunidades en las que trabajan. Por eso, deben entrar en el área de las políticas públicas para ayudar a dar forma a soluciones asequibles para toda la población. A su vez, los líderes políticos han comenzado a comprender mejor las contribuciones del sector privado. Pero más líderes de ambos entornos deben seguir este ejemplo. Aquellos lugares que consigan realizar una correcta gobernanza del agua, tendrán además una mayor atención de los inversores internacionales para impulsar sus economías. Es así como aseguraremos el despliegue de nuevas tecnologías y la formulación e implementación de una nueva generación de políticas de gestión del agua en África.
Fuestes: Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, World Economic Forum, The Water Project, The Economist, The Guardian, McKinsey Global Institute, Boston Consulting Group.
Pedro H. Martín es Socio de Consultoría y Analista Principal de Estrategia y Operaciones en AFROIBEROAMERICA | Colaborador en la Red UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos | Formación en las áreas de Ingeniería, Marketing y Relaciones Internacionales
En un acto en el Hotel Intercontinental, la embajada de sudáfrica en España celebra el Día de la Libertad y de las Fuerzas Armadas de Sudáfrica.



El acto muy concurrido ha contado con la presencia de cuerpo diplomático y autoridades oficiales y de la sociedad civil africana y española.



En su alocución el Embajador Sr. Lulama Smuts Ngonyama, destacó la creación de la Cámara de Comercio Sudafricana en España, si bien lamentó el cierre por parte de la Compañía Iberia de la conexión directa Madrid- Johanesburgo.



Los sistemas sanitarios están en un punto de inflexión en África. Existen obstáculos estructurales que impiden una correcta prestación de servicios, y las reformas que los gobiernos del continente lleven a cabo en la próxima década serán cruciales para reducir las tasas de mortalidad y mejorar la salud de la población. Es necesario cuanto antes un enfoque integral que fortalezca los elementos clave de los sistemas de salud en la región y que también los coordine entre sí. Un nuevo modelo para que la atención médica sea más accesible no sólo es posible, sino también asequible.
(Viene de la primera parte del análisis)
Una combinación de servicios podría dinamizar los sistemas de salud en África, aumentando el acceso a la salud a través de todo el continente. Mediante la coordinación de métodos y buenas prácticas comunes, mejoraría drásticamente la calidad de la atención y se crearía un sistema regional panafricano. Las claves son emplear agentes de salud comunitarios que proporcionen una atención primaria básica en las aldeas, introducir un sistema de telemedicina que conecte la atención especializada con el entorno rural, y crear redes de trabajo con clínicas móviles que transporten medicamentos y tecnología médica a los lugares remotos. Esto podría salvar muchas vidas de forma rápida a un coste relativamente bajo, en conjunto alrededor de entre 2 y 3 dólares por persona al año, en comparación con los aproximados 8 dólares que cuesta en las clínicas tradicionales.
COORDINANDO EL NUEVO SISTEMA PANAFRICANO
Los servicios de salud deben centrarse lo suficiente en ciertas especialidades como para ser manejables y accesibles, pero que sean las suficientes como para cubrir una serie de necesidades principales. Éstas incluirían primeros auxilios, servicios preventivos y de diagnóstico básicos, distribución de materiales (por ejemplo, suplementos nutricionales o anticonceptivos) y tratamiento de enfermedades crónicas. Si los servicios prestados son insuficientes, los pacientes pueden decidir ignorar los servicios de salud. Por otra parte, deben ser ofrecidos a bajo coste. Pequeños gastos para comprar medicamentos pueden ser soportables, pero cobrar sumas más altas por los servicios, medicamentos y otros suministros parece imposible para organizar la sanidad de forma privada a mayor escala, al menos en la actualidad.
Si bien no existen soluciones mágicas, un modelo que combine la utilización de agentes locales de salud, telemedicina y clínicas móviles, podría ayudar a aprovechar los sistemas nacionales de salud ya existentes para ampliar el acceso a la atención primaria de salud por toda la región coordinándose con rapidez, eficacia y de forma económica. Los componentes individuales del modelo no son nuevos, pero juntos pueden revolucionar la asistencia sanitaria en zonas de bajos ingresos. Al estudiar la experiencia de países que sí han mejorado en más de uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para la salud, se encontró que (independientemente del nivel de ingresos, la geografía o el sistema político) el denominador común era haber tenido éxito al ofrecer una atención primaria en el “último tramo” en las zonas rurales. A continuación examinaremos sus innovaciones más prometedoras, que podrían extender este éxito a otros países.
Los agentes de salud locales. África sufre aproximadamente una cuarta parte de las enfermedades pero sólo tiene un 3% de los trabajadores de la salud del planeta. Al complementar el trabajo de los médicos con el de agentes de salud locales, en menor medida pero profesionalmente capacitados, se podría mejorar el acceso a la asistencia sanitaria de forma notable así:

  • Los programas más exitosos contratan a mujeres, siempre que sea posible, como agentes de salud locales. Las mujeres son percibidas como más confiables que los hombres por otras mujeres en el entorno rural, y además las mujeres son ya el centro de muchas iniciativas (como con la salud reproductiva). Un candidato ideal debería tener una formación especializada, pero basta con que los agentes de salud sepan leer y escribir, con una educación primaria. En los países que han tratado de reubicar a agentes urbanos más cualificados en zonas rurales, se ha perdido eficacia en el sistema por hacer demasiado esfuerzo tanto para contratarlos como para retenerlos.


  • La formación varía en función de las características específicas del programa en un país, pero debe incluir entre 9 y 12 meses de instrucción formal teórica y práctica, que se combine con contratos de aprendizaje remunerado para cimentar la comprensión, la confianza y los hábitos de trabajo independiente. La formación complementaria es esencial y complementa la formación básica con cursos de actualización mensuales para mantener a los trabajadores de la salud actual al corriente de las mejores prácticas de tratamiento y prevención, así como para enseñarles nuevas habilidades.


  • Los trabajadores de salud deben estar asignados a áreas manejables, un agente de salud por cada 1.000-1.500 personas. Esta relación asegura que puedan visitar a los pacientes para supervisar, verificar el cumplimiento de los tratamientos y hacerles el seguimiento a lo largo del tiempo. Áreas mayores pondrían en peligro la capacidad de atención y ganarse la confianza de los pacientes.



  • Los modelos de voluntariado sufren problemas de retención del personal y son poco sostenibles. Etiopía decidió pagar a sus agentes de salud después de contar inicialmente con ellos como voluntarios, lo cual ayudó a que 30.000 de ellos entrasen en el sistema en tan sólo cinco años. Los agentes de salud locales deben percibir una remuneración que vaya desde una sexta parte del salario medio de una enfermera hasta el 125% del salario medio en el país.

  • Los programas deben aspirar a tener una proporción de ocho agentes de salud por cada uno de los supervisores. A estos niveles, un supervisor puede realizar diferentes desplazamientos que a veces son bastante largos, y aún así visitar a los agentes al menos entre dos y cuatro veces al mes. Esta intensidad del contacto con los agentes es suficiente para ir mejorando sus habilidades e incluso empezar a ver su puesto dentro de una carrera profesional prometedora. El desarrollo de carrera puede ser más importante que las consideraciones financieras para los empleados de la salud. Los programas de mejores prácticas se centrarán en la gestión para crear oportunidades de crecimiento profesional. Mediante la aplicación de mejores prácticas y el empleo de grupos de agentes de salud locales, los países africanos podrían hacer frente a la mayor parte de las enfermedades más importantes a las que se enfrentan. Como el cumplimiento de los objetivos requeriría un solo agente de salud local por cada 1.000-1.500 personas, con un coste de alrededor un dólar al año por habitante, con este nivel de personal se proporcionarían a los pacientes más de tres interacciones significativas, lo cual es una mejora sustancial con respecto al enfoque convencional con médicos.
    La telemedicina. Una vez que los países africanos establezcan una masa crítica de agentes de salud locales para la atención primaria, podrían aprovechar el poder de la telefonía móvil para aumentar el alcance de los profesionales de la salud más capacitados, tales como médicos y enfermeras. Es una tecnología que ya está fácilmente disponible. La mayoría de personas en África negra ya tienen acceso a teléfonos móviles propios o a través de amigos, familiares y grupos de uso compartido. Un modelo de éxito conectaría las llamadas con enfermeras y doctores en centros de coordinación urbanos. En lugar de atenderse directamente llamadas de los pacientes, los profesionales especializados actuarían aumentando la capacidad e impacto de los agentes de salud locales, proporcionándoles soporte clínico avanzado y herramientas en los tratamientos sobre el terreno.
    Igualmente importante es que se pueda apoyar la formación personalizada y supervisión de los agentes de salud, dándoles acceso a conocimientos más especializados de los que podrían conseguir localmente. Los agentes podrían presentar datos clínicos de forma continua (mediante voz o mensajes de texto) y los profesionales que les supervisan podrían hacer el seguimiento con llamadas cada una o dos semanas. La combinación de unos mejores datos y una mejor interacción con los supervisores podría ayudar a los agentes a mejorar la calidad y la velocidad de sus intervenciones (por ejemplo, en la creación de esquemas de vacunación para una comunidad). Los supervisores podrían gestionar el rendimiento de los agentes de salud locales con mayor eficacia, un desafío común de los sistemas de salud para las zonas rurales de difícil acceso. Todo esto tiene un coste bastante bajo. Suponiendo que hay un control cada semana, un supervisor podría dar apoyo a 50-60 agentes de salud; y con controles quincenales se duplicaría el ámbito de actuación. Estos sistemas son asequibles y costarían alrededor de 0,75 dólares al año por persona.
    Si bien no existe aún un modelo de negocio para ofrecer telemedicina a gran escala en África, algunos experimentos prometedores sugieren que es posible. Los modelos privados que atiendan directamente a los pacientes serán también cada vez más viables. En otras partes del mundo ya se proporciona con éxito consejo médico y servicios de triaje por teléfono a millones de personas por 5 dólares al mes por hogar. Se utilizan protocolos desarrollados por instituciones médicas de prestigio para ayudar a los médicos a atender pacientes de forma rápida y eficaz. Muchos casos se resuelven por los médicos a través del teléfono y no requieren más consultas o atención de emergencia.
    Unidades móviles de salud. La tercera pieza del modelo es el uso de clínicas móviles para llevar herramientas de diagnóstico, medicamentos y suministros a las comunidades locales siempre que sea posible. Las unidades móviles han servido durante mucho tiempo esta función, pero varias organizaciones han empezado a emplearlas a gran escala en los últimos años. Esto sugiere que podrían desempeñar un papel importante en la maximización del alcance de los profesionales de la salud, al tiempo que reducir aún más las barreras en el transporte que impiden a muchos africanos recibir atención. El gobierno en Nigeria utiliza convoyes de camiones para el transporte de los hospitales temporales en todo el país. Experimentos comparables están llevando a cabo en Namibia y y otros países africanos.
    Si bien no hay un único modelo de mejores prácticas que funcione con cualquier presupuesto, limitación de infraestructura o geografía, un modelo de éxito tiene las siguientes características:

  • Más pequeño es generalmente mejor. Las furgonetas pueden cubrir terrenos y carreteras en mal estado más diversos que los vehículos mayores. Las furgonetas deben estar equipadas con refrigeración para el transporte de vacunas, medicamentos y muestras de laboratorio hacia y desde centros de salud lejanos. También deben tener una cama para tratar a los pacientes y para acomodar a un médico o enfermera en viajes de varios días.


  • Las furgonetas deben concentrarse en la atención de enfermedades crónicas e intervenciones con un seguimiento más complejo (por ejemplo, la atención prenatal). Deben desempeñar también un papel primordial en la prestación de apoyo directo a las actividades de los agentes de salud. Por lo tanto, los suministros de una furgoneta incluirán kits de pruebas médicas, medicamentos básicos y algunos equipamientos de gama alta como los de ultrasonidos. Los servicios prestados podrían incluir educación y sensibilización, detección, diagnóstico, tratamiento, entrega de suministros, y formación complementaria de los agentes de salud locales.


  • Las rutas deben ser elegidas cuidadosamente para que cada comunidad puede recibir una visita al menos una vez al mes. La clave es reducir al mínimo el tiempo de desplazamiento y maximizar el tiempo de tratamiento. Los centros de salud servirán como base de operaciones natural y de reabastecimiento. Los viajes podrían demorar dos o tres días, cubriendo una serie de pueblos. Siempre que sea posible, deben coordinarse de forma centralizada las visitas a los agentes de salud locales. Debe informarse bien sobre rutas y horarios, de modo que los pacientes sean evaluados adecuadamente y el papeleo no quite tiempo del tratamiento. Finalmente, no deben pasarse por alto mantenimiento y costes de funcionamiento. Cuando las unidades móviles no llegan a los pueblos debido a averías, los pacientes se desilusionan rápidamente y disminuye el potencial del programa de actuación.

  • A pesar de la versatilidad de las unidades móviles, sus costes de operación son bastante razonables cuando el programa está diseñado para complementar el trabajo de los agentes locales de salud (a través de visitas mensuales, por ejemplo). De hecho, se estima que una clínica móvil atendida por dos enfermeras costaría en la mayoría de países africanos menos de 0,75 dólares por persona al año.
    EL FUTURO DE LA SANIDAD EN ÁFRICA
    Un modelo como el descrito anteriormente desplegaría un nivel significativo de recursos de forma viable, en zonas que ahora están escasamente cubiertas. Una zona rural de un millón de personas, por ejemplo, requeriría unos 700-1.000 agentes de salud comunitarios, un centro de coordinación con 40-50 médicos (una combinación de responsables clínicos, técnicos de urgencias, enfermeras y médicos para llamadas de los agentes de salud de las aldeas y el público en general), 10-15 supervisores responsables de la planificación y seguimiento de los agentes de salud en los pueblos, y 20-25 unidades móviles integradas cada una por una o dos enfermeras. Este modelo requeriría entre una quinta y una décima parte del número de enfermeras y médicos que con clínicas tradicionales. Y puesto que las enfermeras y los médicos en los centros de coordinación estarían ubicados en las principales zonas urbanas, donde viven muchos de ellos, el enfoque es práctico dada la distribución actual de los recursos.
    Es importante remarcar que este modelo no debe sustituir a los actuales sistemas nacionales de salud en África y su infraestructura sino que debe ayudar a extender su alcance mediante una mejor utilización de sus médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. Por otra parte, no es un modelo menor para el mundo en desarrollo. De hecho, algunos gobiernos y empresas privadas en países desarrollados no sólo están introduciendo la telemedicina y las unidades móviles, sino que también hacen experimentos en torno a la idea de externalizar una serie de tareas a agentes de salud.
    Para que funcione el modelo, los gobiernos africanos deben empezar por determinar el conjunto de servicios que pueden permitirse financiar y luego explorar formas prácticas para ofrecerlos. El sector privado puede desempeñar un papel importante, ya que es el proveedor natural de algunos elementos del sistema, en particular las tecnologías y su gestión. Con las inversiones adecuadas, el sector privado podría hacer aún más. La asistencia y las inversiones de los donantes serán vitales para hacer crecer el modelo, proporcionando fondos que apoyen la puesta en marcha de proyectos prometedores.
    LA ERRADICACIÓN DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS
    A medida que en 2014 crecía la tragedia del brote de Ébola en África Occidental, se ha hecho cada vez más evidente que los sistemas de salud en África están muy mal preparados para manejar una crisis grave. Enfermedades como el ébola no discriminan entre ricos y pobres. África necesita sistemas de atención sanitaria de calidad para toda la población. El concepto ERU (Emergency Response Unit) Unidades de Respuesta a Emergencias surge para crear sistemas rápidos, eficaces y autónomos que coordinados a nivel internacional, den una respuesta efectiva, eficiente y ajustada a las distintas realidades de las emergencias humanitarias. Es un tipo concreto de unidades móviles para atender las consecuencias producidas por desastres o epidemias.
    El éxito de las ERU en Nigeria en la lucha contra la poliomielitis ofrece lecciones interesantes, especialmente en vista de los enfoques anteriores a los retos de salud pública en el país. Antes de establecer las ERU para la polio, el Gobierno Federal de Nigeria y las organizaciones internacionales determinaban presupuestos para hacer proyectos fragmentados, con financiación externa y con el objetivo de mejorar incrementalmente cada año. Pero el esfuerzo general carecía de orientación a largo plazo ni tampoco tenía eficacia a corto. La epidemia de la polio encontraba así múltiples oportunidades de aumentar el número de casos de poliovirus salvaje.
    Las ERU para la polio han cambiado esa dinámica en Nigeria. En primer lugar, el Ministerio de Sanidad, las administraciones sanitarias estatales y locales, y las organizaciones internacionales trajeron los mejores expertos y recursos para colaborar a través de las ERU en la resolución de los problemas de salud más críticos del país. En segundo lugar, el modelo de emergencias en lugar del tradicional modelo de proyectos incremental forzó la búsqueda de soluciones y resultados inmediatos. Los únicos objetivos eran aumentar el nivel de inmunidad, detener la transmisión de la poliomielitis, y eliminar nuevos casos de la enfermedad. Con metas anuales paso a paso no se podría haber completado este trabajo.
    Por último, la analítica de datos para evaluar el desempeño de los equipos de vacunación contra la poliomielitis y el apoyo de las administraciones locales de salud, permitió a los ERU prestar mayor atención a los lugares de mayor riesgo. Una mejor recopilación de datos en el terreno e imágenes de satélite para identificar en qué comunidades no ha habido actividades de inmunización permitieron a las ERU adaptarse rápidamente y experimentar con nuevas formas de intervención para resolver problemas complejos de vacunación y vigilancia.
    Otros países africanos pueden considerar la aplicación de las ERU para responder más eficazmente a otros problemas de salud, tanto en situaciones de emergencia como con problemas médicos habituales. Aplicándolas más rápida y completamente se podría mejorar la respuesta en África ante epidemias. La cuestión central es luchar directamente con los desafíos de manera inmediata. El uso de las ERU para mejorar la coordinación de los recursos, para aprovechar a los mejores especialistas, y para llevar a cabo un análisis de datos intensivo localmente podría ayudar a controlar futuros brotes de enfermedades y mejorar la salud de comunidades enteras.
    Si bien queda aún mucho trabajo que hacer en África, merecen todo el crédito los profesionales que han detenido la transmisión de la polio y han erradicado el ébola. Un uso eficaz de las ERU proporciona un excelente ejemplo de cómo los gobiernos y las organizaciones internacionales nacionales pueden combatir las enfermedades más peligrosas del mundo a través de un liderazgo fuerte, una intensa colaboración, el análisis de datos y la gestión del rendimiento centrada en resultados. Una cuestión pendiente importante es dónde y cómo los países y las organizaciones internacionales pueden implementar mejor las ERU para superar otras crisis de salud de emergencia.
    LOS DESAFÍOS DE UN SISTEMA DE I+D+i PANAFRICANO
    Otra cuestión a resolver es que los actuales esfuerzos en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) destinadas al tratamiento de enfermedades en África en su mayoría dependen de organizaciones fuera de África. Éstas tratan de encontrar soluciones para las necesidades más urgentes de salud pero no para crear una estructura sostenible de investigación y desarrollo en el continente africano. La conclusión es que en África se necesita un sistema de investigación gobernado por africanos y una red de transferencia de conocimientos que involucre a los científicos africanos. Esto proporcionará mecanismos de financiación sostenibles que alienten a los investigadores africanos a colaborar para resolver las preocupaciones de salud más comunes, compartir conocimientos y crear capacidad. Hay que desarrollar un amplio programa panafricano de I+D+i para la investigación sanitaria.
    Que había problemas de salud en África negra ha sido algo ampliamente conocido durante muchos años. Durante la última década, sin embargo, las crisis sanitarias africanas han recibido una renovada atención debido a factores tales como la propagación del VIH/SIDA y una mayor comprensión de la relación entre la salud y el desarrollo económico. Estos esfuerzos han producido resultados importantes. En un creciente número de países, la tasa de infecciones por VIH en adultos parece estar cayendo en África, de acuerdo con ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA). Del mismo modo, las tasas de tuberculosis está disminuyendo lentamente en toda la región. La incidencia y la mortalidad por malaria están disminuyendo también en varias partes de África. Sin embargo, la región sigue padeciendo profundos problemas. Se han hecho progresos en relación con la mortalidad infantil, pero las tasas de mortalidad materna y mortalidad infantil siguen siendo persistentemente altas, a pesar de que casi tres cuartas partes de estas muertes son evitables.
    Hay convincentes argumentos a favor de impulsar un sistema panafricano de I+D+i para desarrollar medicamentos y la capacidad de diagnóstico para enfermedades con gran incidencia en África como el VIH/SIDA. A pesar de las prometedoras tendencias sobre el fomento de capacidades de I+D+i, países africanos responsables del mayor número de publicaciones en investigación biomédica como Egipto, Nigeria y Sudáfrica sólo generan entre 15 y 150 veces menos artículos que los países líderes en investigación. Y lo que es también alarmante, generan entre 1 y 8 veces menos publicaciones de investigación que otros países en desarrollo, como Argentina o Brasil. Estas cifras indican que, si bien hay investigación para el tratamiento de enfermedades que predominan en África que está siendo llevada a cabo, todavía hay retos fundamentales que impiden que estos esfuerzos de alcanzar la suficiente escala y la productividad: significativos atrasos en la transferencia de conocimiento, bajo grado de colaboración entre investigadores e insuficiente inversión en I+D+i.
    Las soluciones a estos problemas se encuentran dentro de África. El objetivo primordial debe ser desarrollar un sistema de I+D+i panafricano autosuficiente que podría abordar no sólo los problemas de hoy, sino también problemas de salud pública en evolución. La clave está en aprovechar el poder sin explotar de la colaboración entre los investigadores africanos mediante la formación y el apoyo a las redes y grupos de investigación en África. Este modelo, recientemente apoyado por la comunidad investigadora en el continente, convertiría aquellos laboratorios que se complementen mutuamente (técnica y funcionalmente) en redes altamente cohesionadas que desarrollen proyectos dirigidos específicamente a desarrollar nuevas herramientas para hacer frente a las enfermedades típicamente africanas.
    Este enfoque podría promover programas de investigación panafricanos con un control propio, ya que este tipo de redes estarían formadas por investigadores que trabajan en África y que cooperan para promover los intereses científicos locales. El apoyo financiero para estas redes desarrollaría también las capacidades de los científicos locales y mejoraría la infraestructura de I+D+i en salud. Para asegurar que tal sistema de I+D+i produce nuevos medicamentos, un modelo en red debe cumplir con estos principios:

  • Sólida coordinación y gestión de proyectos en cada red para asegurar un progreso correcto. Será necesaria una visión amplia de las carteras de proyectos de estas redes para evitar la duplicación de esfuerzos y garantizar el aprovechamiento de sinergias.


  • Suficiente financiación de los proyectos a través de fondos renovables (por ejemplo cada cinco años) que cambien la actual cultura de becas de investigación a corto plazo, y muchas veces sólo para las élites, que se ha extendido en África. Esta financiación no se puede proporcionar mediante las típicas campañas anuales de donación. Se requerirá una solución sostenible y probada en la práctica, como el establecimiento de un fondo independiente gestionado por profesionales. Fondos adicionales para mejorar las instalaciones y equipos necesarios para mejorar la forma en que funciona la red del proyecto.


  • Una mejor gestión de la propiedad intelectual que responda a las necesidades de la innovación y la población en África, a través de oficinas panafricanas de transferencia de tecnología análogas a las que establecen las principales universidades del mundo.


  • Mayor toma de responsabilidad por parte de los actores clave africanos, así como mayores esfuerzos de las organizaciones públicas y privadas para garantizar que las medicinas desarrolladas por estas redes se pondrán en producción.

  • En primer lugar, este enfoque se centra en hacer trabajar juntos a los investigadores en redes regionales panafricanas para aprovechar las capacidades existentes en la actualidad en el continente. En segundo lugar, involucra a los actores locales, mejorando las posibilidades de que las iniciativas específicas queden alineadas con las prioridades de salud en el continente. Una implementación exitosa requerirá un esfuerzo concertado, dirigido desde África y basado en el apoyo de la comunidad internacional. Debe establecerse como objetivo evitar la competencia entre las nuevas redes de investigación y los actores existentes, para crear asociaciones que impidan la duplicación de esfuerzos, y para hacer medicamentos más fáciles de desarrollar y de distribuir a los que los necesitan. Por último, es importante crear un flujo sostenible de proyectos que puedan aplicarse en los diferentes sistemas nacionales de salud.
    LA INNOVACIÓN EN SANIDAD
    La introducción de innovaciones tecnológicas y de gestión pueden desempeñar un papel fundamental en democratizar la sanidad mediante servicios asequibles para los segmentos de población peor atendidos y comunidades de bajos ingresos. Esto se consigue mediante la innovación en la prestación del servicio y en la optimización del rendimiento por paciente. Las organizaciones del sector privado están particularmente bien situadas para poner en marcha tales innovaciones, ya que son más ágiles y tienen más incentivos para escalar las soluciones y dotarlas de sostenibilidad.
    En África subsahariana, hay tres importantes tipos de innovaciones que pueden democratizar los sistemas de salud:

  • Mejora del mantenimiento e informatización de bases de datos sanitarias. El ciudadano medio no tiene cobertura médica, y con frecuencia depende de proveedores de medicamentos mal regulados, médicos dentro de su familia o medicina tradicional. Como resultado, no hay mecanismos para capturar información para el sistema sanitario, o quedarse con eficacia por delante de los brotes virales medida que se propagan. Los vendedores de medicamentos las y micro-farmacias están particularmente bien posicionados para empezar a cambiar esto. A menudo son el primer punto de contacto para los pacientes, y en muchos casos sus sistemas de inventario ya contienen suficiente información para construir historias clínicas sencillas. Mediante la vinculación de los sistemas de gestión de inventario con perfiles únicos de los consumidores, e incentivando al consumidor a actualizar periódicamente su estado de salud con aplicaciones móviles, estas empresas pueden mantener bases de datos con un mejor conocimiento sobre los clientes, al tiempo que permiten un mejor flujo de información sobre la salud de la comunidad.


  • Ampliar el acceso a los medicamentos con un nuevo modelo de farmacia de bajo coste. Podemos conseguir un acceso significativamente mejor a los medicamentos por parte de las comunidades desfavorecidas con farmacias que sólo vendan medicamentos genéricos baratos. Es un modelo que ya funciona en América Latina, empleando un modelo de franquicia que logra una penetración en todas las ciudades con al menos 5.000 habitantes. Hay oportunidades similares en África para crear nuevos canales de suministro de fármacos a gran escala. Un modelo de micro-franquicias ya se ha puesto en marcha en Kenia para ampliar el acceso a medicamentos en comunidades de bajos ingresos.


  • Construir confianza con el paciente. La baja confianza que tienen los pacientes es uno de los mayores obstáculos para la consecución de resultados de salud en todo el África subsahariana. Los disturbios violentos que estuvieron ligados al ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea demuestran los efectos de la falta de confianza en tiempos de crisis, pero ésto sucede de manera similar en ausencia de epidemias. Problemas en la atención y la aparición de medicamentos falsos (o de calidad inferior) contribuyen a la erosión de la confianza. La solución no siempre puede ser una ambiciosa reforma del sistema de arriba a abajo, ya que muchas veces las reformas están paralizadas o son ineficaces debido a la corrupción. Es más prometedor construir zonas de confianza para los pacientes desde abajo hacia arriba. Se puede eludir las falsificaciones si la comercialización de medicamentos genéricos baratos se apoya en empresas de distribución innovadoras con marcas fuertes. Para ello, se puede educar a los consumidores y trabajar con personas influyentes de la comunidad. De manera similar, las clínicas y farmacias deben buscar activamente construir marcas de confianza en comunidades insuficientemente atendidas mediante una participación más proactiva.

  • Los brotes virales y las crisis de salud seguirán siendo un reto en el futuro, y muchas países en desarrollo (especialmente aquellos con climas tropicales con alta densidad de población y sistemas de salud poco desarrollados) por desgracia van a sentir estos impactos. Pero podemos hacer un mejor trabajo de preparación de las mismas si desarrollamos innovaciones que democraticen la asistencia sanitaria.
    CONCLUSIÓN
    Las experiencias en el sector de la salud en países de África negra sugiere que muchos de ellos se enfrentan a similares problemas y las soluciones serán más eficientes si se trabajan de manera coordinada mediante la cooperación regional en el continente. Un enfoque como el descrito aquí permite identificar barreras específicas que impiden una prestación de servicios sanitarios efectiva, y qué iniciativas tendrán un mayor impacto en la superación de las barreras existentes. Los sistemas de salud podrían desarrollarse a lo largo de la próxima década de manera que pasen a centrarse en la prevención en lugar de la atención, que se transfiera la toma de decisiones de atención médica al nivel local, se coordine un sistema panafricano de I+D+i, y que las tecnologías de la información (la telemedicina con telefonía móvil) se conviertan en el principal medio por el cual se entrega asesoramiento y tratamiento para la salud.
    Durante la próxima década, algunos países africanos van a trabajar intensamente en encontrar maneras de repensar y reestructurar sus sistemas sanitarios, consiguiendo que los servicios estén disponibles para una mayor cantidad de ciudadanos y mejorando los índices de salud de la población. Es probable que estén presentes a la vez elementos de las cinco reformas fundamentales necesarias (mejorar atención preventiva, comunidades locales, Tecnologías de la Información, suministros y cobertura universal) en el panorama sanitario de África, en diversos grados. Sin embargo, será necesario superar una serie de obstáculos.
    El primer reto para los gobiernos africanos será el aumento de la inversión en sanidad, en particular en una mayoría de países que todavía no cumplen con los objetivos de gasto público. Esto es probable que implique difíciles decisiones políticas, así como una aceptación por parte de dichos gobiernos de que la asistencia sanitaria representa una inversión imprescindible en el desarrollo humano de su población y en el futuro de su país. Las instituciones democráticas están afianzándose cada vez más en África y esta evolución, junto con la creciente clase media, conducirá a elevar la exigencia de inversión debido a las mayores expectativas y la presión de la ciudadanía por recibir una mejor asistencia sanitaria.
    A continuación, los gobiernos tendrán que centrarse en la eliminación de las disparidades en el acceso a la salud. Esto requerirá una visión más amplia acerca de cómo el sector público y el privado pueden trabajar juntos, un mayor énfasis en reforzar los suministros y la financiación de los servicios de atención primaria, y estrategias para garantizar que todos los ciudadanos, incluyendo los más pobres, tengan métodos asequibles y fiables para pagar por ellos.
    Por último, los países africanos podrían tener que repensar sus relaciones con la comunidad de donantes de ayuda. Cierto reequilibrio vendrá por la evolución económica mundial que está más allá del control de los gobiernos africanos. Todavía, en particular para los países que han hecho más avances, la crisis financiera mundial ha supuesto una oportunidad de que los gobiernos planifiquen un futuro de mayor autosuficiencia sanitaria para acabar con la dependencia de ayuda exterior.
    Al adoptar un modelo que combina agentes de salud locales, telemedicina, y unidades móviles, África puede mejorar radicalmente el acceso a los servicios básicos de salud, que pueden prestar servicios esenciales con calidad a un coste bajo. Hacer el modelo escalable y sostenible requerirá importantes esfuerzos concertados y de los sectores público y privado. No obstante, el objetivo de mejorar radicalmente los resultados de salud en África está ahora firmemente a su alcance. Se podrán fortalecer los sistemas de salud, lograr avances significativos en la mejora de la prestación de servicios y, lo más importante, salvar muchas vidas.
    Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, The Touch Foundation, Cruz Roja Internacional, The Economist Intelligence Unit, McKinsey Global Institute.
    Pedro H. Martín es Socio de Consultoría y Analista Principal de Estrategia y Operaciones en AFROIBEROAMERICA | Colaborador en la Red UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos | Formación en las áreas de Ingeniería, Marketing y Relaciones Internacionales

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